Auto-Sinceridad

Me encontraba en una cafetería cerca del centro de San José, con un café cuyo envase tenía mi nombre escrito junto con el guiño de una carita feliz, en ese momento me puse a reflexionar sobre lo que estaba haciendo con mi vida, tanto a nivel personal como profesional.

Hace apenas unos meses estaba trabajando en una empresa que para muchos colegas resultaría maravilloso, y pues la verdad lo era. Era una empresa que me pagaba por ejercer un área de la psicología específica, además del salario base por ley, recibía un monto adicional de exclusividad. Pero lo más importante en ese momento era que recibía un salario quincenal, que tenía las garantías de ley y por tanto el panorama de una estabilidad económica y laboral; el cual en el ámbito de la psicología en este país, es complicado.97.jpg

Si bien las funciones que estaba realizando eran de mi total agrado, contaba con un equipo de trabajo maravilloso, existía en mis pensamientos una sensación de insatisfacción, un malestar que me impedía sentirme pleno en las funciones que se me delegaban.

Y de lo anterior surgía el conflicto en mi interior, lo cual al día de hoy lo logro formular en una pregunta: ¿cómo es posible que teniendo un panorama de estabilidad económica y laboral, no me sintiera pleno, sabiendo que en mi profesión en este país es tan complejo lograr “acomodarse” en una empresa?

Fue entonces que empecé a cuestionarme, ¿qué he hecho con mi vida personal? ¿Qué he hecho con mi vida profesional? Sí, tengo un excelente currículo profesional; sí, estudié y me preparé para colaborar en la construcción de una sociedad más sana. Sí, tenía el trabajo deseado por muchos colegas. Pero en definitiva me hacía falta algo más.

Ese “algo más” al que me refiero, era lo que he denominado auto-sinceridad. No estaba siendo sincero conmigo mismo en muchos aspectos. Y es a este punto al que deseo hacer énfasis; muchas veces (si no es que siempre) estamos a la deriva en este mundo, estamos preocupados por alcanzar lo que la sociedad nos ha dicho que debemos alcanzar, lo que nuestra familia, hijos, maestros, pareja y demás personas nos han hecho creer es nuestro ideal de vida e incluso nuestro propósito de existir se convierte en el propósito que otras personas quieren para nosotros.

En definitiva, muchas veces somos conscientes de estas situaciones, sin embargo no tomamos el valor de hacer algo al respecto, sólo nos dedicamos a “rumiar” las ideas, el malestar y esa sensación de vacío. Lo peor es terminar acostumbrándose a esa sensación, terminar renunciando a nuestros sueños, ideales o motivaciones auténticas.

De esta manera fue que decidí analizar ¿qué es lo que verdaderamente me impulsó a estudiar psicología?

Y ahí delante de mí estuvo la respuesta siempre, mi motivación para formarme como psicólogo surge del deseo de transformar, como lo dije al inicio, colaborar en la construcción de una sociedad más sana, una sociedad más auténtica. Y es entonces cuando me dije a mí mismo “en esta vida hay que tomar decisiones que por más complejas que sean, van a encaminar mi verdadero propósito de ser”. Y ese día decidí renunciar, renunciar a ese trabajo idealizado por muchas personas, incluso por mí mismo. Renunciar a tener a un trabajo que brindaría estabilidad laboral y económica.

Sin embargo, esa renuncia también simbolizaba decirle sí a mis deseos de ser, a mi pasión en la psicología. Conllevó además retomar proyectos de emprendedurismo, los cuales dudaba retomar, ya que yo mismo me decía “tienes 30, ya no es momento de empezar de nuevo”.

Ese último pensamiento no venía de mí, venía de la sociedad, una sociedad que limita al ser humano, una sociedad que nos llena de miedos y dudas de nuestras capacidades. Siempre será una buena edad para empezar un proyecto, para arriesgarse, para crear, para reiniciarnos. Pero principalmente para reencontrarnos con nosotros mismos.

Man on top of mountain ,Freedom man on sunset backgroundEs cierto, hay compromisos económicos, familiares y demás, pero de eso se trata la vida, de asumir, de crear, de arriesgar y crecer.

Ahora les hago la pregunta a las personas que me leen: ¿cuántas cosas estamos dejando de lado por temor, por lo que otros nos han dicho? Y la última reflexión sería, no permitamos que la vida se nos escape creyendo que estamos viviendo, cuando en realidad estamos complaciendo a otros.

 

Dr. Angel Espinoza Mora
M.Sc. Psicología Clínica y de la Salud | Cod. 8174

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